Comer lo justo, en el tiempo justo

Al momento de hablar de alimentación, es importante reconocer que todas las personas en algún momento del día, han sentido la fuerte tentación de revisar la nevera o entrar a un lugar donde sencillamente el olor llama, decidiendo así, ingerir lo que provoca y lo que la mente, el estómago, están pidiendo, sin tomar en cuenta que tan positivo o negativo puede ser para el organismo.

Luego de matar el antojo, el cuerpo se siente reconfortado y hasta con ganas de más; aunque algunas personas pueden llegar a sentirse mal, luego de haber ingerido algo que sabían de antemano, no debían o no podían. De hecho si se realizará una encuesta, surgirían varias preguntas con una diversidad de respuestas y unos porcentajes algo variados.

Algunos estudios realizados por expertos, señalan que el consumo de ciertos alimentos, en especial aquellos que poseen exceso de grasas, como las papas fritas, helados, entre otros, pueden causar una relajación temporal en el cerebro y aplacar las emociones negativas. Es por ello, que el ser humano recurre repetidamente a este tipo de alimentos en el día a día, por supuesto sin saber porque, y mucho menos que en el largo plazo pueden causar otro tipo de problemas como obesidad o dolencias cardíacas relacionadas con el colesterol.

1. Ocuparse
Se ha comprobado que no tener nada en la cabeza o entre las manos provoca que, instintivamente, nos dirijamos a la nevera con el objetivo de encontrar algo con que calmar la llamada ansiedad.
Expertos en el tema han sugerido que encontrar una actividad sustitutiva puede ser la mejor forma de evitar esas escapadas puntuales a la nevera o a la tienda, en búsqueda de ese producto que tanto nos gusta.
El leer, el hacer ejercicio, son actividades que pueden llenar de forma eficaz esos ratos muertos que se dedican en demasiadas ocasiones a ingerir alimentos, hasta con la simple intención de distraerse, sin pensar en las consecuencias.

2. Alimentarse racionalmente
Al igual que ocurre con otras actividades que se realizan en la vida diaria, existen dos formas de alimentarse: la emocional y la racional. La mayor parte de comidas en horarios extemporáneos responden a las emociones.
Comer para satisfacer o llenar un vacío emocional, sólo lleva a los excesos, a las adicciones y hasta a caer en enfermedades graves como la anorexia y la bulimia.

El cuerpo necesita alimentarse de manera racional, para mantenerse activo, vivo… los gustos se pueden dar de vez en cuando, pero no se debe permitir que el cerebro, las ganas, desequilibren la razón, y lleven a que el organismo, caiga en descontrol.

3. Si sientes que el comer se está volviendo adicción, cuéntalo y asúmelo
Igual que se suele decir que el primer paso para evitar cualquier adicción es reconocerla frente a otra persona, en la alimentación compulsiva contar con una persona de confianza a quien darle a conocer el problema, es una muy buena y positiva estrategia. Pues el hecho de compartir algo que preocupa, y que puede traer pésimas consecuencia emocionales, físicas, y orgánicas, resulta necesario.

Al momento de contar y asumir que algo negativo está afectando lo que se es, resultará mucho más fácil salir de tal situación, o sencillamente no se caerá en nada que pueda llegar a ser adictivo y a la larga dañino para la salud orgánica y mental.

4. Lleva un registro de lo que estás comiendo y créate hábitos
Cuando comemos en casa o fuera de ella, que comemos y que tanto… para saber que tan bien o mal estamos alimentándonos, que tan equilibrada está nuestra comida diaria, resulta interesante apuntar las cantidades, aunque esta decisión forma más parte de alguien que está siguiendo algún tipo de régimen, dieta, hábito, proceso alimenticio, o como le quieran llamar.

Se cree que el seguir una guía, anotación de lo que se come, a que horas, en que cantidad, resulta bastante eficaz para tomar conciencia de aquellas ocasiones en las que se han ingerido alimentos porque efectivamente se tenía hambre y aquellas otras en las que la gula o ganas excesivas de comerse algo a deshora, pudo más.

Si no se logra establecer un criterio claro en este sentido, nuestra alimentación diaria se convertirá en un continuo de picoteo, comidas a deshoras y hambre en momentos en los que no se debería sentir.

Igual cabe acotar, que los excesos no son buenos, y que el comer de más es nocivo para la salud, pero también el llevar a cabo dietas estrictas, donde se come mal o deja de comer creyendo que con eso se bajará rápidamente de peso, es una muy peligrosa decisión, que puede llevar a conflictos peores.

Si no se puede cuidar la alimentación de manera personal, es bueno acudir a un experto que sirva de guía para lograr lo que se quiere en cuanto a la parte de alimentación. Cada organismo funciona diferente y por ende necesita ser tratado bajo sus propias peticiones y necesidades.

5. Cambia tu percepción sobre la comida
Uno de los factores más importantes en la alimentación compulsiva es la percepción que se tiene acerca de la comida. No hay distinción entre dulce y salado, bueno o malo, sabroso o soso, sino que todo lo que en ocasiones saborea el paladar, tiene una única finalidad: saciar y aliviar la llamada ansiedad, al menos por un breve período de tiempo.

Es necesario reconectar la mente, el estómago, con aquellas comidas que realmente gustan, reconfortan, alimentan y recordar el carácter poco saludable de otro tipo de comidas que pueden ser deliciosas pero a su vez muy dañinas, y que puede llevar al estómago a mantener una relación diferente con el proceso alimenticio que todo organismo debe tener.

Muchas comidas dan energía, otras pasan de largo. La idea es alimentarse con gusto, como debe ser. Dejar a un lado los excesos. Ni comer de menos ni comer de más.

Fuente de la imagen: www.publicdomainpictures.net

Sé el primero en comentar sobre "Comer lo justo, en el tiempo justo"

Hacer un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.


*