Conflicto antagónico, confrontación, negociación o diálogo

¿Quién puede en su sano juicio, oponerse a una propuesta, que implique un arreglo político y pacífico a la crisis política que hoy afecta a la sociedad nacional?, ¿por qué oponerse, con qué argumentos, a la solución política que reclama urgentemente la ciudadanía?, ¿quiénes apuestan amargamente a la violencia política, porque no tienen posibilidades reales de retener el poder por la vía democrática?, ¿qué hacer con los radicales de ambos bandos, que reclaman soluciones violentas que rompen con el molde civilizatorio de la política.
Está claro para propios y extraños, que los actores radicales de ambos extremos, son parte de una minoría estridente, pero minoría al fin, sólo estridente en el caso del ala democrática opositora, que no dispone de otros recursos, que no sean las cualidades propias de sus líderes (la mayoría jóvenes), y las capacidades que tienen actualmente, de generar información política relevante, porque sin duda, saben comunicarse con su bulliciosa audiencia de radicales, manejando los medios de comunicación social convencionales y no convencionales, con habilidad y con destrezas, con las cuales perfeccionan sus mensajes y la comunicación política.
Pero hay otros radicales, los del establecimiento político revolucionario, son grupos armados irregulares adoctrinados, entrenados, que disponen de armas letales, que por cierto, usaron entre febrero y mayo de 2.014, que carecen de escrúpulos, dispuestos a matar, a eliminar al enemigo, y según el catecismo revolucionario, nosotros somos el objetivo político-militar, somos el enemigo.
Entonces, cómo no comprender la urgencia y pertinencia, de sentarse a  dialogar primero, y a negociar políticamente después, aún con aquellos que nos consideran enemigos, pero que hoy, no cuentan con apoyo popular, que tienen un nivel de rechazo público, que supera el 80%, ese es el caso del Presidente en funciones, pero también es el caso, de toda la clase política que él representa.
Nos preguntamos entonces, ¿dialogamos o no, negociamos a no?, ¿vale o no la pena, que peleemos la libertad de nuestros prisioneros, de nuestros perseguidos, de nuestros exiliados políticos?, preguntémonos, ¿quién los defiende a éllos, quién los apoya, quién respalda a sus familias?.
Veamos lo siguiente, más de un centenar están privados de libertad (130), sin haber cometido delitos, usted mismo podría ser, uno de éllos, o también quién esto escribe, porque no olvidemos, que bajo las autocracias, todos estamos en libertad condicional, sabemos además que aproximadamente 2.300 opositores, están sometidos a medidas judiciales alternativas, disponiendo de una libertad condicional, que implica serias restricciones para ejercer plenamente sus derechos civiles y políticos, entonces quIén los defiende a éllos, ¿por qué no negociar lícitamente su libertad plena, por qué no dialogar, sin renunciar a nuestros principios, ni claudicar a nuestras máximas aspiraciones?.
Adicionalmente consideremos lo siguiente: nuestros adversarios ya no son tan fuertes, como lo fueron en el pasado, hoy no gozan de la otrora opulencia petrolera, tienen absolutamente quebrada la economía nacional, y liquidadas las fuentes de financiamiento externas, porque los costos de producir el petróleo son más altos, que los escasos ingresos que tenemos por su venta, de modo que la capacidad que tiene el aparato de poder para sostener programas de asistencia social, que mantengan políticamente domesticados a sus electores, es prácticamente nula, de toda nulidad, sin dejar de mencionar que estamos a las puertas de un default externo, porque el default interno, es un hecho, lo cual confirma el altísimo nivel de vulnerabilidad económica y política que tienen nuestros adversarios en la Mesa de Diálogo y Negociación, entonces nos preguntamos otra vez, ¿dialogamos o no?.
Por otra parte, ¿quién ha dicho que la Mesa de la Unidad Democrática Nacional ha renunciado a la ruta electoral?, ¿quién ha dicho que no queramos exigir la celebración de elecciones generales anticipadas?, y mejor que eso, ¿quién ha dicho que queremos cohabitar políticamente con el régimen de Maduro Moros?.
Como hemos visto, estimados lectores, tenemos poderosas razones para sentarnos a negociar los términos de un acuerdo político, que garantiza la sobrevivencia de todos los actores, porque asegura la convivencia pacífica y democrática de toda la sociedad, un acuerdo que establezca un cronograma contentivo de los siguientes beneficios: libertad de nuestros prisioneros y perseguidos políticos, el regreso de nuestros exiliados, la realización de elecciones nacionales presidenciales y legislativas anticipadas, elecciones regionales y elecciones municipales, y por qué además, no exigimos la conformación de un nuevo Poder Electoral, incluido la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), mediante el nombramiento de nuevos rectores, cumpliendo con el procedimiento constitucional establecido.
Por otra parte, le preguntamos, ¿por qué no negociar el establecimiento de un canal humanitario, que nos permita en breve plazo, la recepción de alimentos y medicinas, con los cuales, atenderíamos la parte medular de la crisis humanitaria.
¿Por qué no negociar en este momento?, ¿por qué no exigir el reestablecimiento del hilo constitucional, demandando el pleno respeto al Estado Democrático de Derecho y de Justicia, que implicaría además la restitución de los poderes a la Asamblea Nacional de Venezuela.
Tal como usted, lo ha podido notar, tenemos razones de hecho y de derecho para sentarnos a la Mesa de Diálogo y Negociación, son razones poderosísimas, luchar por la vida y la dignidad de nuestros prisioneros políticos, de nuestros perseguidos y exiliados, valen la pena, pero además vale la pena, establecer ese canal humanitario que nos permita salvar la vida de nuestros niños, de nuestros ancianos y de nuestros enfermos, vale la pena, por otra parte, exigir el respeto a la Constitución vigente, no es también nuestro derecho, y acaso reclamar un nuevo calendario electoral, que nos permita salir de este régimen por la vía democrática, pacífica, electoral y constitucional, no vale la pena.
Finalmente, recordemos algo, que no es meramente casual, acaso Maduro, el oficiante del poder en esta  satrapía, no sabía que demandaríamos el cumplimiento de este cuerpo de peticiones, cuando solicitó la audiencia con el Papa Francisco, en otras palabras, ¿por qué Maduro autorizó la mediación del Estado Vaticano, y concretamente la intervención del Papa Francisco?, por Dios, cree usted que Maduro, desconocía las consecuencias de su solicitud a la diplomacia vaticana.
Entiendo sus razones, y las de muchos, las respeto, sólo aboné algunos elementos para su análisis, pero finalmente será usted quién decida, si respalda o no a la Mesa de la Unidad Democrática, y a sus líderes más prominentes, quiénes por cierto, representan a las organizaciones políticas más votadas, el pasado 6-D de 2.015, las mismas que concitaron el respaldo de casi 8 millones de electores, que sufragaron por el cambio político, pacífico, electoral y constitucional, pues bien, le recuerdo que la mayoría notable de esas fuerzas políticas convocaron en septiembre y octubre pasados a las más formidables concentraciones públicas que se hayan conocido en América y en el mundo entero, finalmente, ¿valdrá la pena desanimarnos?, o respaldamos el diálogo y exigimos condiciones y fechas, para conocer sobre la marcha los resultados, usted decide.

 

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