Encrucijada política, caso Venezuela.

No es para menos, los hechos lo anuncian, el drama político y social es gigantesco, los registros de prensa lo proclaman diariamente, los vecinos lo avizoran, los ciudadanos se alarman, estamos al borde del colapso definitivo, a un paso de la ruptura de los hilos civilizatorios de la convivencia social, a un paso de la anarquía, a merced de un Estado-gobierno que continuamente comete, toda clase de crímenes, siendo los más graves, aquellos que se relacionan con nuestra sobrevivencia natural, biológica, orgánica, o sea con la cobertura de nuestras necesidades básicas, porque sin duda, es un crimen de lesa humanidad el que se comete contra toda una población hambrienta e indefensa, por Dios, no se puede por ambición o capricho, condenar a toda una nación, que conoció por décadas los beneficios de los altos precios petroleros, a pasar necesidades desconocidas, a pasar hambre leonina, simplemente porque los personemos que forman parte de la élite político-militar gobernante, no tienen la capacidad para comprender el funcionamiento de la economía, ni tienen la capacidad para cohabitar políticamente con los actores que representan a la mayoría del país, y que desgraciadamente no son capaces de avizorar un futuro de prosperidad para todos los venezolanos, y que prefieren este luctuoso presente, que nos arrebata la vida diariamente, eso es sencillamente un crimen, que hoy está en pleno desarrollo, y sus víctimas se cuentan dramáticamente.
Sin duda, por acción y por omisión se rompió el pacto socio-político que garantiza la pacífica gobernanza del país, que aparece descrito en el texto constitucional de 1.999.
No hay reglas institucionales que se cumplan, porque los operadores actuales del poder se niegan a cumplirlas, no hay separación orgánica de poderes ni de funciones públicas, estamos en presencia del caos, es anarquía pura y dura, y lo peor es, que nos estamos acostumbrando a convivir con ese caos.
El control social y político hoy día lo ejerce la fuerza pública regular, porque sabemos que sus componentes militares y policiales están al servicio de un proyecto político, aparentemente de origen divino, porque sus elementos más notorios, aseguran que jamás entregarán el poder, no importa que hayamos ganado las elecciones parlamentarias de 2.015, porque supuestamente, los electores que votamos por el cambio, lo hicimos idiotizados y no advirtimos a tiempo, que los legítimos enviados de Dios y del Comandante Supremo, eran realmente los elegidos para gobernar ad infinitum, hasta el fin de los tiempos bíblicos, ¿qué importan pues, los resultados electorales, si ya ellos ganaron una y otra vez en el pasado, bajo los auspicios del Supremo componedor electoral, eso es lo que realmente importa, según la infundada opinión de estos traficantes de ilusiones políticas que alguna vez, se apropiaron ilegítimamente del poder, no importan pues, ni el consentimiento de las masas, ni la legitimidad política, ni el respeto a la soberanía popular, eso es un lastre, es un estorbo, que incomoda a la mafiosa clase gobernante, que además cuenta con bufete de abogados propio (Sala Constitucional), a la carta pues, para legalizar el ejercicio brutal del poder público, para consumar el trámite ilegal, la fechoría, el golpe de Estado perfecto, documentado y justificado por un tribunal, que de supremo no tiene nada, salvo la facultad de demoler judicialmente la legalidad constitucional y la voluntad popular, en la segunda década del siglo XXI, no importan los llamados a la cordura, y a la serenidad formulados por prestigiosas instituciones sociales, como la Conferencia Episcopal Venezolana, que a través de su directiva se han pronunciado reiteradamente sobre la conveniencia del diálogo y la reconciliación nacional, frente a la gravedad de la crisis política y sobre sus eventuales desenlace futuros, tampoco importa la calificada opinión de las Academias Nacionales de Ciencias Políticas y Sociales, de la Economía y de la Historia, que han lanzado sus llamados de alerta, ni mucho menos le importa al contubernio cívico-militar que administra el poder político-militar en Venezuela, los fuertes y preocupados llamados de la comunidad internacional, que vislumbra un trágico futuro para Venezuela, si quiénes controlan los hilos del poder, no son capaces de gestionar con sabiduría y equilibrio los reductos de la hegemónica dominación que aún sostienen, de modo que pueda encontrarse una solución justa y satisfactoria, que permita la superación de la crisis humanitaria (alimentaria y sanitaria) más aguda que los venezolanos hayamos conocido durante todo el siglo XX, cuyas trágicas consecuencias vivimos a diario, todas las familias venezolanas, que cada día, amanecer más pobres, más enfermos y más abandonados a nuestra suerte.
Por ello clamamos al cielo, católicos y protestantes, creyentes y no creyentes de todas las confesiones religiosas, para que se abran al entendimiento y al acuerdo, tanto las autoridades que retienen ilegalmente el poder, como los actores que cuentan con el respaldo del electorado nacional, para que juntos alcancen consensos urgentes y necesarios, que permitan la reactivación del Estado de Derecho y de Justicia, de modo que cada institución pública, cada órgano del poder público cumpla con las atribuciones que le confiere la Constitución Nacional vigente, de manera que se reactive el funcionamiento institucional del sistema democrático, y los ciudadanos investidos como están de la legítima soberanía popular, encuentren al fin, una solución política, pacífica, electoral y constitucional, que nos permita salir del atolladero en que nos encontramos hoy.

 

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